LOS (VERDADEROS) DETECTIVES SALVAJES

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Oh, sí. Todos hablaron de esta serie, todos escribieron y compartieron teorías requetelocas y a todos se les empieza a llenar las comisuras de baba cuando recuerdan esa escena o aquella frase. True Detective hizo enardecer a los que se quedaron con la abstinencia de Breaking Bad y juntó a los fanáticos del realismo sucio y a las muchachinas desprevenidas que ensucian sus bombachas con la carita (ya no tan) perfectita del Mátiu Macónegui.

Yo nomás voy a decir un par de huevadas intrascendentes, como por ejemplo:

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  • La buddy-movie de biblioteca

La importancia de la serie reviste en lo obvio: tiene que venir un profesor de literatura para dejarnos con el culo tieso y proporcionar el guión de una serie que, solo con dos o tres referencias y un buen background puesto en los personajes, ya marca una diferencia fundamental con respecto a otras series similares.

O sea, convengamos desde ya. El plot es lo más básico que podemos pensar: dos canas investigando a un asesino a través del tiempo. No hay absolutamente nada nuevo con eso. Mejor dicho, ¿tiene que haber alguna novedad en semejante conjunción de clichés? ¿Dónde estaría, entonces, esa novedad? Nada más ni nada menos que en los dos pilares fundamentales de cualquier narrativa desde Homero para acá: contexto y caracterización. Y eso es lo que justamente viene a redimir la serie para siempre: si tarde o temprano queremos meternos en este coso de hacer historias de esta clase y queremos que nos hagan sentir por lo menos orgulloso (independientemente que estén “bien” hechas), lo primero que tenemos que hacer mínimamente es subirnos a los hombros de los gigantes. O sea, leer.

Y justamente por eso la serie está buena: no cuenta nada nuevo y propone una visión de lo que Chambers, Bierce, Lovecraft y toda esa gentuza loca venía haciendo desde el siglo XIX. Pero al mismo tiempo resignifica el género para siempre.

Es importante recordar que para los yanquis esos escritores (junto a Poe) son los primeros que posicionaron la literatura de su país en el mapa de las grandes literaturas del mundo. O que por lo menos dieron el pie para que, de algún modo u otro, existan tópicos esenciales que fueron tomados y apropiados por otros yanquis copados durante el siglo XX. Es decir, de lo fantástico y popular se desprende todo un amalgama increíble de gran literatura y que justamente cae de pecho en la serie como una patada en las encías. Entonces claro, uno se sienta a ver de qué va la historia y comprende ya desde el primer capítulo que se está viendo algo mucho más grande que nosotros, que es material del cual se puede hurgar, escarbar, sacar y poner y por ende las referencias no se hacen esperar.

Por eso True Detective es, ante todo, un mecanismo de relojería donde podemos ver un hábil cruce de estructuras y narrativas que vienen de referencias literarias bien patentes: el hard-boiled de las publicaciones tipo Black MaskLos Detectives Salvajes de Roberto Bolaño (el tempo narrativo que genera el esquema de entrevistas, si bien tampoco es nuevo, acá sirve para recordarnos que siempre hay algo que se nos va a escapar, que siempre vamos a contemplar solo un pedazo del esquema completo y, sobretodo, las actitudes de los personajes involucrados no se terminan en la mera justificación ante un Otro, en este caso representado por los entrevistadores), el concepto de Eldritch de Lovecraft (y que va mucho más allá de Lo Ominoso o Lo que siempre estuvo ahí), la filosofía nihilista nietzscheana, el pesimismo sucio de McCarthy y la deconstrucción de lo que es la cultura de la religión, la ignorancia que deviene de la endogamia trans-generacional y la transposición entre lo público y lo privado que Phillip Roth, Don DeLillo, John Irving y muchos otros escritores norteamericanos de estos últimos 40 años trataron.

Pero ojo que las referencias no son solo literarias. ¿Cómo no acordarse de Desolation Jones, de Warren Ellis y JH Williams III, cuando vemos a Rust manejando entre esos flashes luminosos, o cuando está charlando con Marty y ve por la ventanilla del auto las nubes volviéndose infernales? ¿Cómo no recordar al Moore de From Hell y toda la perversión oculta que los más poderosos se empeñan en ocultar? ¿Como no recordar la visión que tiene también Moore acerca de Lousiana en Swamp Thing? ¿O el sentido que le da Grant Morrison a los estratos sociales de un pueblo en The mistery play?

Las referencias son muchas y muy diversas y casi todas terminan encauzándose, como dijimos antes, en los pilares de la literatura gótica del siglo XIX. Sin embargo, todas estas referencias literarias y comiqueras están entrecruzadas con un sentimiento de sociología. Y este cruce no solo concluye en la estructura narrativa, en la fotografía o en los easter-eggs plantados acá y allá a lo largo de la serie, sino también en algunos escarceos con respecto al devenir de los personajes.

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  • El bueno, el malo y las feas

Como las mujeres, por ejemplo. He leído por ahí que han tildado a la serie de misógina y lo primero que pensé fue “pero si Nic Pizzolato fue uno de los que escribió The Killing, que tiene uno de los roles femeninos mejor pensados en los últimos 10 años en una serie, ¿cómo van a tildar al chabón de misógino?”. Claro, luego vemos el rol de la mujer en el barómetro social estadounidense y caemos en la cuenta que a la sociedad yanqui le falta muchísimo para poder nivelar la balanza en la igualdad de géneros, especialmente en ciudades o estados donde la mujer fue tratada como un pedazo de carne desde tiempos antiquísimos. Y precisamente la serie da cuenta de eso sin juzgar pero poniéndolo de frente, tal como en Mad Men no se apechugan en constatar el machismo y el racismo ya a niveles extremos que se vivía en los sesentas o, si volvemos a la literatura, tal como pasa en 2666 de Bolaño. Es muy loco pensar que la serie es misógina cuando en realidad son las mujeres, desde las putas hasta las locas, pasando por las viejas, las que ayudan a los personajes a desenrollar toda la trama. Las mujeres son las que guardan los secretos y están dispuestas a decirlos ante quienes sean capaces de oirlos. Es muy loco cuando vemos que las hijas de Marty están tan metidas dentro de la raigambre y el espiral (nunca mejor dicho) de violencia social que se vive en Lousiana que hasta dibujan eso y someten a violaciones grupales a sus muñecas… y que cuando crecen ponen en acto esa violencia y la normalizan por el lado del sexo grupal.

Sin embargo el personaje de Marty, machista irredento, capaz de generar una red de mentiras para no dejar de hacer las cosas sin medir las consecuencias, tiene una especie de castigo que bien puede caer dentro de la tibieza de la justicia poética. 17 años después de la investigación el tipo vive solo, ya separado, y se cocina porquerías recalentadas y tiene una carita de corderito degollado que dan ganas de pisarle los huevos. El tipo sin las mujeres es un pelele atómico. De todas maneras la cáscara de Marty preanuncia algo más peyorativo. Es, a sabiendas, un ignorante, en el sentido más amplio del término.

Su ignorancia va mucho más allá de meterle los cuernos a la mujer o de mostrar su lado machote ante los demás en la primera de cambio. Su personaje está enraizado en lo políticamente correcto, en lo que el estrato social de ese contexto debe hacer. En ver y oír pero atenerse a un lugar designado por un otro. Es ignorar por elección y actuar en consecuencia. Por eso aparece Rust moviéndole toda esa estantería y lo primero que hace Marty es enojarse con él, aconsejarle que cierre la boca, decirle que se vaya a la mierda o tildarlo de loco.

Rust Cohle, de quien no hemos hablado hasta ahora, comprende una suerte de personaje prototípico de Lovecraft (aquel que quedó totalmente loco por haber visto una de las tantas formas que tiene la oscuridad y que por ende se aparta del resto y empuja su propio sistema moral) y es el eje nodal de la serie ya que su sola presencia descoloca. Es el eje, además, porque impone su visión y trastoca las normas para poner en acto lo teorizable en un lugar donde a las palabras se las lleva el viento y los actos permanecen siempre ocultos. Pero también es el eje porque es el personaje que mejor atraviesa un proceso de cambio que va desde el escepticismo más cínico (el personaje llama a eso, quizá de una manera irónica, “realismo”) hasta la búsqueda de redención y posterior creencia en un sistema religioso que, obviamente, no condice con los parámetros religiosos estipulados en el contexto de Lousiana. Termina creyendo que hay algo más allá que no es encontrable en el terreno de lo empírico, pero no es la idea reducida de un dios sino la amplificación sensorial del sentimiento de amor. Quizá su cabeza se rompió para siempre, luego de años y años de estrés postraumático, alcoholismo y drogadicción, pero el hecho de haber encontrado algo de luz lo reconforta y de algún modo le da esperanza, al mismo tiempo que le da la oportunidad de protestar por no haber muerto como correspondía.

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  • Towards the (audio)graphic novel

Pero claro, después de todo estamos hablando de una construcción audiovisual metida dentro de un amalgama de comercio y oferta y demanda comunicacional. Así que queda preguntarse si True Detective es una especie de gema extraña que combina un guión construido como un reloj, actuaciones realmente viscerales, una banda de sonido que encaja como un guante (y que es como la panacea de los post-rockeros, los seguidores de los crooners y los folkies), una puesta en escena fuera de lo común para lo que es la televisión (obviamente el plano secuencia del final del capítulo 4, si bien fue hecho de a retazos, te deja absorto por su planificación) y una fotogragfía totalmente cuidada (atención en el uso de la profundidad de campo y las panorámicas, que como nunca enuncian una paradoja: ¿cómo puede ser que sientas claustrofobia viendo tomas aéreas de campos y pantanos?), o si en cambio la serie sentará un paradigma de ahora en más. Claro, otras series han tenido los aspectos que mencioné (de hecho, The Wire aún resuena en la historia como la gran serie que es, con el perdón de las familias mafiosas que transmitía el mismo canal o cierto cocinero de metaanfetamina que ha generado bastante ruido a finales del año pasado), pero estas series generaron un estruendo a lo largo del tiempo: a excepción de The Wire (que aún hay que convencer a la gente de que tiene que verla y de la que ya escribiré), tanto The Sopranos como Breaking Bad arrancaron siendo vistas por dos o tres a horas insospechadas y terminaron siendo la comidilla total de casi todo cultor de series. En cambio True Detective condensa en solo ocho capítulos el maremoto por el cual toda serie actual “debe” atravesar: seguimiento febril en plataformas sociales, culto irredento total, adicción, discusiones en sobremesa y hasta fanatismos que llevan a botellazos y voladura de sillas.

Mi deseo como mero espectador es que el formato de series cortas, autoconclusivas y pensadas al milímetro logren por lo menos generar una buena producción dentro de Estados Unidos (ya que en Inglaterra, de más está decirlo, los tipos ya son expertos en la materia). American Horror Story pegó el puntapie inicial, aunque con una extensión medianamente estándar de serie yanqui (12 o 13 capítulos por temporada). True Detective aparece, ya desde su primer temporada, para potenciar una especie de extrapolación audiovisual al concepto de novela gráfica desarrollado en el ámbito de los comics. Algo así como ¿una novela gráfica-sonora?.

Imposible saber qué va a pasar. Solamente me queda revolear una garantía y decir que los escritores son los únicos capaces de crear historias tremendas. Sea en los soportes que sean.

¿Acaso alguna vez fue distinto?

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2 comentarios en “LOS (VERDADEROS) DETECTIVES SALVAJES

  1. Aaah, me encantó! Sobre todo ese ojo clínico para identificar influencias o resabios de otras obras (cosa que tengo que entrenar, leyendo y viendo mas)

    Por cierto, me hiciste acordar a un artículo de Nido de Cuervos (que para mi se ha vuelto en un blog de cabecera sobre fantasía y terror). Te dejo el link correspondiente:
    http://elcuervoenteradillo.blogspot.com.es/2014/05/articulo-true-detective-y-se-obro-el.html

    Ya me pondré al día con el resto de tus entradas.

    Un abrazo

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