5 RAZONES PARA ESCUCHAR INDIE CINDY, DE PIXIES

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Vamos, cantemos todos: ¡mis viejos Pixies ya no son lo que eran, ya no son lo que eran!

Los Pixies volvieron a tocar juntos en el 2004 proclamando que volvían porque les hacía falta plata. Y bueno, ante semejante muestra de honestidad, casi todos los que escuchamos Pixies desde mozalbetes dijimos “y a mí que me importa, ¡tocate Velouria, gordo!”. Hasta ahí todo bien, yo que sé. La horneada de discos en vivo y los múltiples documentales o DVDs de sus recitales daban muestras que a los tipos no se les movía un pelo… pero lo que no nos dábamos cuenta era que no se les movía un pelo porque, a excepción de Kim Deal, ¡todos los demás se quedaron pelados!

En fin, pasaron los años y de repente ¡chaf! sacan un disco. Con canciones nuevas. Sin Kim Deal. Primero lo hicieron sacando el single Bagboy y más luego sacaron tres EPs y las canciones de esos registros conforman Indie Cindy, su primer disco de estudio desde Trompe Le Monde, de 1991.

Y qué quieren que les diga: es como si los creadores de El Auto Fantástico volvieran a hacer la serie con el mismo auto y con David Hasselhoff aún en el rol principal. Sí, es un monumento a la nostalgia. Seguro, todo está en su lugar. Pero ni el auto es supermoderno ni al viejo David le entra la chaqueta negra como antaño. Yo no sé si hacía falta que los Pixies hayan abierto el bar y ofrecido sus cervezas. Te comprás una y si bien está rica no está muy fresca que digamos. Entonces te queda la duda de si la birra estaba rica por motu propio o porque vos estabas sediento.

Pero de todas maneras encontré 5 rasgos que hacen que, a pesar de todo, Indie Cindy valga la pena. Veamos cuáles son.

  • 1- Porque volvieron sin prestarle demasiada atención al pasado.

Ojo, que sí le prestaron atención. Hay muchas canciones de Indie Cindy que son reminiscencias bien claras de todo lo anterior. Pero escuchado en conjunto, a simple vista da la sensacion de que se dejaron llevar más por el lado de registrar un momento particular de la banda. Entre hacer eso y hacer discos iguales a lo AC/DC hay todo un trecho de distancia.

Pero escuchado más concienzudamente, Indie Cindy ya no contempla (tanto) la clásica estructura loud-quiet-loud en sus canciones, es decir: arranque bien machacoso en las estrofas, los estribillos calmados y de regreso a la machaca. Esa estructura fue la que los puso en un lugar determinado allá a finales de los 80s y que sirvieron de base para muchas bandas. Veintitrés años después las canciones de Indie Cindy se hicieron de otra forma, o son machacosas o son calmadas. ¿Se puede decir entonces que son canciones tirando a normales? Supongo que sí. Es más, hasta el disco tiene un aire demasiado pop y así, escuchado de pé a pá, tiene una estructura en donde las canciones son primero “loud”, después pasamos a un terreno “quiet” y terminamos escuchándolo “loud”.

Lo que a mí me gusta, en todo caso, es que se hayan cagado en eso. “A la mierda el loud-quiet-loud”, habrá dicho Frank Black, “¿Acaso somos un rip-off de Nirvana ahora?!”. Y no es casual que haya pensado en Frank Black diciendo esto, porque…

  • 2- Es un disco de Frank Black con algunos Pixies de invitados… ¡Y eso es bueno!

Charles Thompson IV se cambió el nombre a Frank Black cuando arrancó con Pixies y después se lo cambió por Black Francis. Ahora ya no se sabe cómo se llama, pero sigue siendo el cantante de los Pixies. Hay algo en Indie Cindy que es clave: el gordo ya está muy hinchado las pelotas de tener que pelar el grado de locura y enfermedad que desgarraba sus cuerdas vocales en los inicios. Y es comprensible, ya que desde la separación de Pixies en el ’91 el muchacho creció, y no solo de ancho. Inició una vorágine trastornada y sacó un disco tras otro, algunos mejores, algunos más o menos, pero siempre con una descarga absoluta de cojones. Si sumamos su discografía, primero bajo el nombre de Frank Black, a secas, luego con una banda (Frank Black & The Catholics) y luego como Black Francis, estamos superando los 20 títulos, de los cuales hay dos que son discos dobles. Y cuidado, no estoy contando esa trasnochada que responde al nombre de Grand Duchy ya que bueno, cuando un muchacho se enamora es de esperar que se mande algunas cagadas, especialmente cuando tenés un estudio a mano y querés cumplirle algunos caprichos a tu novia bajista.

A lo que voy es que es como si Picasso se juntara, ya de grande, con sus amigos de jardín de infantes a dibujar casitas con chimeneas y conejitos saltarines. Es notorio que Indie Cindy sea la progresión de los pensamientos que Frank Black Francis viene teniendo desde que se largó a tocar solo y que tanto Joey Santiago como Dave Lovering se presten a seguirles el juego nomás para pasar a cobrar un par de mangos. Sí, es probable que ahora Pixies sea un proyecto más dentro de su gigantesco ego, ya que en este disco está ausente Kim Deal, quien era la única dentro del grupo que no le hacía tanto caso. Pero aquellos que venimos escuchándolo al gordo sabemos que, compositivamente hablando, es coherente.

¿Por qué es un rasgo redimible, entonces? Porque en conjunto siguen siendo sinceros, a pesar de todo. Y si sos de las personas que opinan que por fin Black dejó de ser un pollerudo y se juntó con sus amigos de toda la vida a hacer un disco basado en composiciones hechas mientras su novia miraba para otro lado, entonces vas a estar de acuerdo conmigo. Además…

  • 3- Si querés un disco nostalgioso ya tenés los anteriores, bitch.

Y si, corta la bocha. Seamos sinceros: ¿quién realmente tiene ganas de escuchar una versión 2.0 de Where is my mind? O dicho de otro modo: ¿Por qué esa insistencia de que las bandas siempre tienen que sonar iguales porque si se escapan un poco del caminito trazado empiezan a apestar? Este tercer punto quizá sea un hijo mocho del punto uno y claro, hay que concluir en que un disco nuevo se presta para el gataflorismo. Si volvían y hacían lo mismo, muchos criticarían la repetición. Pero si, como fue el caso, proponían otra cosa en apariencia distinta, muchos criticarían el hecho de haber cambiado la onda.

Estoy de acuerdo en que la solución hubiera sido elegir entre dos opciones: o hacer una banda con otro nombre (como hiciera Nick Cave con Grinderman, que después de todo eran los Bad Seeds probando otras cosas) o directamente no haber sacado nada y listo. Pero bueno, la cagada ya está hecha y estamos viendo cuán apestoso es el resultado. Y podemos elegir 35 razones opuestas a estas 5, cerrar el kiosco e ir a comprar unas birras que acá no pasó nada.

Una razón de peso que puede refutar lo que digo es que cualquiera puede venir y decirme “eh, Pode, pero si este disco lo agarrara un jovenzuelo que no escuchó Pixies en su vida, lo tiraría a la mierda y definitivamente no escucharía los anteriores”.

Sí, bueno, tengo dos noticias para esa clase de argumentos. La primera es la que más o menos destaqué en el punto 2: técnicamente ya no son Pixies porque, insisto, falta Kim Deal y porque acá el gordo es el que manda, así que ya de movida tomalo o dejalo. Y la segunda noticia es una pregunta: ¿realmente hay que convencer a las nuevas generaciones que el rock sigue valiendo la pena y que, por ende, hay que sacar discos respetando esa estela? Muchachos, convengamos en una cosa: el rock está muerto y enterrado. Hoy por hoy la apoteosis total del músico de rock es que se muera con su propio vómito. He aquí su gran perfomance y ya no queda otra. Todo lo demás es una farsa. Todo los demás es guita. De hecho, volvamos al principio de este post y recordemos por qué volvieron en primer lugar. Bajo este criterio, entonces, lo que nos están diciendo los Pixies es la verborragia definitiva, ya no desde sus letras sino desde el acto de regresar a los escenarios y producir porsteriormente el Indie Cindy. Esta gente, con total cinismo, está bailando sobre la tumba del rock. Y vaya que bailan con energía, porque…

  • 4- Son viejos y quizá estén cansados pero igual, cuando quieren, pueden molerte el cráneo.

En fin, subámonos al trenecito de los sueños y supongamos por un minuto que el rock sigue existiendo. Sin repetir y sin soplar entonces, pensemos un listado de bandas o solistas entrados en años que aún la rockean lo suficiente sin que tengan que usar pañales o que sean zombies o que hagan un disco que no sea la versión clonada número 57 de su primer disco. Te dejo 2 solistas y una banda: Neil Young, Bob Mould y Dinosaur Jr. ¿Cómo te quedó el ojo? Bueno, ahora pensá en Pixies. Pensá que tienen, como mínimo, casi 30 años de escenarios.

Las canciones de Indie Cindy son precisas (quizá demasiado precisas hasta el punto de la frialdad) pero están compuestas con solvencia. Dave Lovering, el baterista, no es ningún Danny Carey, en eso estamos de acuerdo, pero es lo suficientemente sincero como para dar lo que tiene que dar, quedando más del lado de un Ringo Star que de una Meg White. Y eso es, para un baterista, lisa y llana sabiduría. Lo mismo con Joey Santiago, quien no está tan interesado en seguir haciendo lo mismo sino en generar sutilezas sonoras y en integrarse con la guitarra de Frank Black de manera más orgánica.

A todo esto, lo más loco del asunto es que estamos hablando de un disco como si lo hubieran hecho unos vejetes miserables, cuando las canciones Greens and Blues, Snakes o Another toe in the Ocean son pequeñas gemitas para nada despreciables. Seguro, no son himnos, ya sabemos que la gran mayoría de las canciones de cada disco de Pixies podían fisurar y dividir en un antes y un después la existencia de una persona cualquiera y acá esto no pasa, pero de todas maneras tampoco es tan desastrosa la cuestión.

En suma, es indiscutible que en cada canción hay trabajo hecho, no es que se tiraron a panchos sacando cualquier huevada. Son personas que han crecido mucho y si bien dejaron un poco de frescura en el camino, al menos se juntaron para tomarse el cinismo del punto 3 bien en serio y sacar lo mejor que pudieron. Y lo que pudieron hacer fue…

  • 5- Bagboy.

Si este disco es la excusa para que Bagboy haya sido creado, entonces bienvenido sea. Acá está la verdadera esencia de los Pixies, esta es la canción que me cierra el culo con todo lo que vengo diciendo ya que acá está la evolución del respeto al pasado más la búsqueda de lo novedoso. Acá está el viejo Joey Santiago totalmente desatado alargando notas, acá está Frank Black jetoneando como siempre, acá está por única vez en el disco Kim Deal aporreando el bajo y haciendo esos coros maravillosos dentro del estribillo más épico que puede recordarse desde los tiempos del Doolittle. Y claro, ese es un detalle para nada menor, ya que la pregunta especulativa se impone: ¿qué hubiera pasado si el gordo hubiera aflojado un poco con su ego y hubiera tenido en cuenta las opiniones de Deal? ¿Qué hubiera pasado si ella hubiera compuesto algunas canciones?

Esa es la verdadera pregunta que hay que hacerse con este disco: todo lo que pudo haber sido si la banda hubiera permanecido unida. Y la única luz que surge para responder esta especulación es esta pequeña mirilla hecha canción.

 

 

En conclusión, este disco no debería haber existido. No era necesario en absoluto. Y pueden comentar este post negativamente o pedirme que me vaya a la mierda, que cómo voy a redimir un disco medio chotardo. Y por supuesto, van a tener toda la razón del mundo. Pero qué quieren que les diga, así y todo Pixies sigue siendo una de mis bandas preferidas. Me dejaron para escuchar 4 discos increíbles y ahora los quiero más porque me causa un poco de ternura que volvieran a reclamar el lugar en la historia que les quitaron y pensaran que con un disco como este se lo iban a dar…  y no, muchachos, son los mejores pero no por este disco, sino porque con sus fallas y sus aciertos, son honestos.

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