LOST: Diez años después

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Esto de ser adicto es una cosa seria. Una vez que consumiste tu dosis de lo que sea, el tiempo es eso que pasa entre que el efecto se desvanece y comienza la abstinencia que solo puede ser calmada con una nueva dosis. Y así hasta que el cuerpo se marchita, se enferma y se degenera… o hasta que la droga deja de tener efecto. Y entonces buscamos algo más fuerte o directamente nos desintoxicamos.

Es sabido por muchas fuentes que, por más que pasen los años, muchos adictos pueden recordar el primer chute de todos con total claridad. Es como el primer beso o es como desvirgarse: hay un umbral que debe pasarse, hay algo que debe romperse para que entre una nueva sensación, es la incomodidad de lo nuevo y el paso a un nuevo escalafón cognitivo. Irreconocible por el momento, pero completamente placentero y estimulante.

Los adictos a las series sabemos muy bien de esto. Y por más que la tan famosa Era dorada de las series pueda haber comenzado su línea histórica con la transmisión de The Sopranos, no fue hasta el comienzo de Lost en que muchos comprendimos que la edad dorada no inició una revolución audiovisual propiamente dicha sino una revisión del concepto de adicción.

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